Capítulo 28— —Los padres de Adréis—
En la cocina, con la mirada fija en la máquina, la joven esperaba con ansiedad que el agua terminara de hervir y terminara de caer en las tazas el chorro humeante del café. Le pareció que demoraba más de lo debido, solo por molestar, como si ese objeto fuera capaz de olfatear su angustia y quisiera hacerla sufrir. Cuando el chorrito apareció, sacó de su sujetador la botellita. Se disponía a vaciar su contenido en la taza cuando percibió que alguien abría la puerta del dormitorio. Era Adréis, al