Mili se aproximó como pudo se interpuso en el camino de Adréis, poniendo la mano sobre su pecho.
—No es para tanto, mejor nos sentamos a comer. Matilde puede esperar.
—Es una sabia decisión —acuñó Talía, revisando el I*******m desde su teléfono.
Adréis, al sentir la mano de Mili en su pecho, le dedicó una mirada veloz y palpitante. Apretó aquella mano blanca con delicadeza, como descargando las ganas en aquel simple gesto de separación. No podía evitar estremecerse ante el contacto de la chica