Mili retrocedió. El viejo seguía apuntándola con su dedo y su uña larga. Bajó las escaleras con prisa, sin despedirse. Caminó directo al apartamento y cuando revisó su celular, tenía como diez mensajes de Matilde.
Prefirió llamarla y contarle lo que había vivido en la torre en compañía del mago del amor.
—¡Qué emoción! —exclamó Matilde, que se encontraba en los jardines de la universidad.
Le pidió detalles del vuelo sobre la gárgola, ansiosa de escuchar lo que ella misma había experimentado a