Acorralado por las dos mujeres, solo se le ocurrió decir, mirando su reloj de pulsera:
—Basta, no tengo tiempo para niñadas.
Lo dijo lo dejó claro, caminando ante ellas con cara de fastidio hacia la puerta de la calle. Talía desistió del interrogatorio, en el fondo convencida de que a Mili la estaba carcomiendo la envidia. Cada vez quedaba más claro que su amiga no era. O al menos, que buscaba discordia. Talía contaba con razones para perdonarla, el pasado las ataba en un hilo imperceptible. Sig