Las semanas comenzaron a pasar con una tranquilidad que todavía me costaba entender.
No porque la vida se hubiera vuelto perfecta.
Seguían existiendo problemas, reuniones interminables, decisiones difíciles y días agotadores. Pero ahora había algo diferente en mí:
Ya no sentía que todo podía destruirme.
Y esa sensación era tan nueva que a veces no sabía qué hacer con ella.
…
Aquella mañana desperté antes de que sonara la alarma.
La lluvia finalmente había desaparecido y Bogotá amanecía cubierta