El regreso no fue un reinicio.
Fue una continuación distinta.
Después del viaje, todo seguía en su lugar: la empresa, los proyectos, las responsabilidades. Pero yo no era la misma frente a ellos. Había una calma que no se sentía frágil, sino firme.
Los días comenzaron a organizarse de otra forma. No llené mi agenda como antes. Dejé espacios abiertos. Espacios para pensar, para respirar, para simplemente estar.
Y algo curioso pasó: la empresa no solo se mantuvo estable, sino que comenzó a funcio