El éxito no llegó de golpe.
Llegó despacio.
Como llegan las cosas que se construyen con paciencia.
Después de París, la empresa no explotó en fama inmediata ni en contratos exagerados. Creció con estabilidad. Con respeto. Con aliados que buscaban algo más que números. Y por primera vez en mucho tiempo, eso me dio tranquilidad.
Las mañanas volvieron a ser mías.
Ya no despertaba con el miedo de abrir el celular. Ahora lo hacía con ganas de revisar bocetos, responder mensajes del equipo y planear