—Parece que vienes a un concierto —gruñó Sofía, mirándolo de pies a cabeza, luego concentrando su mirada en esos dos malditos botones desabrochados.
—Es que soy músico —replicó Diego con naturalidad, encogiéndose de hombros como si fuera lo más lógico del mundo.
Sofía se quedó completamente sin palabras. Su cerebro proyectó la imagen del banco, con el formal Señor Ramos, y ahora Diego apareciendo con su imagen de estrella de rock.
Dos mundos chocando en el punto más crucial para la vida de Sofí