Unos segundos se sintieron como una eternidad. Los ojos de Diego, antes agudos y llenos de provocación, ahora se suavizaron. Sus labios dibujaron una leve sonrisa, ya fuera una sonrisa satisfecha o una llena de misterio, era difícil de descifrar.
—Tu perfume —dijo Diego en voz baja, su voz era más suave que antes, más sincera que su tono provocador de hace un momento—. Huele diferente.
Sofía parpadeó, confundida por el comentario repentino. Una trivialidad que, por alguna razón, hizo que sus mej