Keith
Un resentimiento que creí que enterré en lo más profundo de mis ser; reapareció, provocando que una estampida de malos recuerdos pisotearan con ganas mi lado razonable. Afectando la lógica.
¿Es enserio?
Quería agarrarla y jalarle esas greñas descoloridas de las cuáles ella, era poseedora.
Pero no. No podía.
Aunque mi instinto y mi dignidad de mujer me lo pedían a gritos, no.
No pensaba rebajarme ante una zorra como Tatiana.
―¿Qué pasa, Keith? ¿Acaso te mordió la lengua el gato o qué? ―Pre