El sonido de la risa de Abril resuena con una acústica perfecta en el inmenso y vacío salón del piso cuarenta y cinco.
La luz tenue de las decenas de velas blancas esparcidas por el suelo ilumina el espacio, creando una atmósfera íntima y cálida que contrasta con la frialdad de la ciudad que brilla al otro lado de los ventanales. La cena ha sido un éxito rotundo. El chef del restaurante L'Aura superó todas las expectativas, pero para Abril, la verdadera delicia de la noche ha sido la compañía.