El viernes amanece con una tensión tan espesa en el departamento que casi se puede cortar con un cuchillo. Ha pasado solo un día desde que Liam decretó el encierro absoluto y ya parece una eternidad.
El miedo a la extorsionadora mantiene a Abril alerta a cualquier ruido tras la puerta de entrada, pero la convivencia ininterrumpida con el CEO, que pasea por los pasillos como un león enjaulado, la está volviendo loca.
A las dos de la tarde, mientras Mía duerme su siesta, Abril entra al despacho d