Sale del despacho con pasos rápidos y decididos, dispuesto a jugarse esa carta lo mejor posible, para que ella no se dé cuenta de sus verdaderas intenciones.
Encuentra a Abril en la sala de estar. Ella está sentada en la alfombra de juegos, haciendo castillos con bloques de colores para Mía, aunque todavía no tenga edad para derribarlos con sus manitas. La escena es tan pura, tan hogareña, que a Liam le duele el pecho al pensar que alguien quiere destruir eso.
—Abril —la llama, intentando que s