Abril lo mira, dudando por un instante más. Mateo destila una seguridad encantadora. No hay arrogancia en él, solo una calidez abierta y frontal. El despecho, sumado a las ganas de olvidar el desastre del departamento, le dan un empujón de valentía que rara vez utiliza.
—Soy Abril —dice ella, extendiendo la mano—. Abril Marconi.
—Abril Marconi. Suena a un nombre importante —sonríe Mateo, estrechando su mano con firmeza y apartando la silla para ella—. ¿Me harías el inmenso honor de sentarte y s