Han pasado cuatro días desde la desastrosa gala benéfica y el ambiente en el departamento es tan frío y cortante como el cristal.
Abril ha cumplido la promesa que se hizo a sí misma al pie de la letra. Se ha convertido en la empleada perfecta, eficiente, silenciosa e invisible. Limita sus interacciones con Liam a informes detallados sobre los horarios de Mía, sin regalarle ni una sola sonrisa, ni una mirada de más.
Esa indiferencia profesional, que él mismo exigió, ahora está volviendo a Liam c