23. Quiero que estés consciente de lo que haremos
El resto de ese día estuvo más inquieto que de costumbre, encendió la fogata como había prometido a su hija y allí estuvieron un rato, los tres, divirtiéndose con las ocurrencias de la niña y compartiendo muy de vez en cuando esas miradas cargadas fuego, electricidad, ajenos por un segundo al entorno que los rodeaba; lo cierto era que el brasileño se sentía demasiado intrigado por lo que esa mujer despertaba en él, y ella… bueno, ella no se sentía muy diferente, ese hombre le atraía muchísimo,