21. Te veo en mi habitación a las cinco
No podía seguir con aquel jueguito de toma y quita. Cada vez que se veían era una bomba de tiempo a punto de estallar, disfrutaban sin límites o como si el mañana no existiese, pero después… después todo era tensión e indiferencia.
Se terminó de vestir y bajó a cenar como de costumbre. En la mesa ya lo esperaban Bruna y Caterina, perfectamente acicaladas y ocupando sus respectivos puestos en la mesa.
— ¿Galilea no bajará a cenar? — preguntó la segunda al ver que solo eran ellos tres.
— No la