Moviéndose con ligereza felina, Johannes dejó su habitación y siguió al intruso. Aquella silueta, etérea como una sombra, le pareció inconfundible por su delgadez. Llegó a la cocina y confirmó sus sospechas. Ella estaba buscando algo en la alacena.
—¡Estefanía!
Su primer impulso fue ir a abrazarla, pero ella alzó una mano en su dirección, frenándolo.
—¿Cuándo regresaste?
—No lo sé... Me desperté porque tenía hambre.
—Entonces déjame prepararte algo —dijo, encendiendo la luz y pudiendo verla