Las palabras que Sheily le diría a Zack luego de haberlo besado se repetían una y otra vez en su cabeza mientras se acercaba a su oficina, sin decidirse todavía por la mejor explicación. Ya había resuelto los nudos de su pasado y ahora debía hacerse cargo de los del presente.
¿Cuándo fue la última vez que sus manos sudaron por la ansiedad?
Se las secó con disimulo en la falda y se plantó frente a Liliana.
—Buenos días, Lili. ¿Zack está desocupado? Necesito hablar con él.
Ese «necesito» se habí