Arrodillada frente a su amo, tragando saliva en abundancia al tenerlo jugueteando con su lengua y con la entrepierna igual de húmeda y hambrienta, Sheily estuvo lista... Para hablar.
—¿Cuántos años tenías cuando lo hiciste por primera vez? —preguntó él, en un tono más que cordial, quitando los dedos de la boca de Sheily. Le desabotonó el primer botón de la chaqueta. Ella no llevaba blusa debajo y se deleitaría la vista mientras oía sus respuestas.
—Dieciséis —confesó ella, en un suspiro.