El estilizado zapato de gamuza, cuyo tacón se clavaba en el pecho de Johannes, era del mismo modelo que le había visto usar a Sheily la última vez. Una exquisita pieza que había ido a comprar él mismo, esas cosas no podían encargársele a alguien más.
—Eres un perro repugnante. ¿Te gusta que te pise, perro? Claro que te gusta, mira lo duro que estás.
Johannes cerró los ojos, absorbiendo el delicioso dolor del zapato presionando su miembro. Una corriente eléctrica lo recorrió y soltó un alarido c