Sheily había guardado el teléfono en su bolsillo a la espera de la ambulancia y, al despertarse y luego de recibir información de su estado, se lo pidió a la enfermera.
Tenía cuatro llamadas perdidas de Zack, así que lo llamó y le dijo donde estaba.
Él llegó con cara de haberse pasado la noche en vela celebrando, pero ahora todos los motivos para hacerlo se le hubieran acabado.
—¡¿Apendicitis?! ¡¿Tenías apendicitis?! ¡¿Por qué no me lo dijiste?!
—Porque lo supe ahora, cuando me desperté.