Zack intentó cargarla al llegar a casa, pero ella se despertó y quiso andar por su cuenta. Rechazó el café y se fueron directo a la habitación. Entre besos y caricias se fueron desnudando. Cuando estaba sólo con sus bragas, Sheily se dio la vuelta y llevó las manos a la espalda.
—Átamelas —pidió y Zack suspiró.
—Pensé que ya no querías castigos.
—Esto no será un castigo, sino un premio —aseguró ella.
Zack miró a su alrededor. El cinturón era muy rígido así que cogió la corbata y con ella le at