Capítulo 54. Debes decirle
La madrugada en casa de los Beaumont no trajo el descanso, sino una vigilia tortuosa. Becca había pasado la noche en un estado de somnolencia, con el oído atento a cualquier sonido que indicara que Connor salía de su despacho. Se quedó en la cama, mirando las sombras que las luces de la ciudad proyectaban en el techo, sintiendo cada minuto como una losa de hormigón sobre su pecho.
A las tres de la mañana, el silencio era tan absoluto que podía escuchar los latidos de su propio corazón. Cada