Capítulo 28. Quiebre
La mañana en la mansión Beaumont amaneció con una luz grisácea y plomiza que se filtraba tímidamente por los ventanales de la habitación principal, negándose a iluminar el espacio con la calidez que Connor había sentido apenas unas horas antes. Connor se despertó primero, con una paz inusual en su pecho, un remanente de la ternura y la entrega absoluta de Becca durante la noche. El recuerdo de sus cuerpos unidos, de la dulzura de sus besos en el sofá y en la cama, lo hacía sentirse invencible,