Capitulo 97. Sangre y Silencio
El hospital no se sentía como un lugar de curación; se sentía como un purgatorio. El pasillo de la unidad de cuidados intensivos estaba sumido en una penumbra blanca, interrumpida solo por el zumbido eléctrico de las luces fluorescentes y el olor metálico, aséptico, que se pegaba a la garganta.
Isabela estaba sentada en una silla de plástico rígido, con la espalda demasiado recta, como si temiera que, al relajarse, sus huesos terminaran por desmoronarse. Sus manos descansaban sobre su regazo, l