Capitulo 55. La Fractura
"...la hija del hombre que ayudó a matar a tu padre."
Las palabras de Silvio Romano no fueron una revelación. Fueron un veneno inyectado directamente en el tejido cicatricial del alma de Alessandro, disolviendo la frágil conexión que se había forjado entre él e Isabela. El aire en el vehículo de mando se volvió denso, pesado, imposible de respirar. El zumbido de los sistemas electrónicos, antes un sonido de fondo neutro, se transformó en un lamento fúnebre para la tregua que acababa de morir de la forma más brutal.
No hubo gritos. No hubo discusiones. Solo un silencio tan profundo, tan absoluto y tan frío que pareció congelar el tiempo. Fue un silencio hecho de shock, de horror y de la comprensión instantánea de que una línea había sido cruzada, una de la que no había retorno.
Y luego, en medio de ese silencio atronador, la mirada de Alessandro se movió.
Lentamente, con una deliberación que era una forma de tortura, sus ojos se apartaron del rostro triunfante y sangrante de Romano en