Capitulo 54. Ecos en la Oscuridad
La oscuridad era un ser vivo. Presionaba contra los ojos de Isabela, robándole el sentido de la orientación, reduciendo el universo a una cacofonía de terror. Lo primero que oyó fueron los gritos. Gritos agudos y de pánico de la élite de la ciudad, despojados de su compostura, reducidos a simples mortales asustados. Luego, el estruendo de mesas volcadas, el estallido de cristales al ser pisoteados.
Lo que sentía era mucho más inmediato. La garra de acero de Romano en su muñeca, apretando con una fuerza que le cortaba la circulación, tirando de ella, arrastrándola a través de la multitud invisible. El frío del suelo de mármol cuando tropezó y cayó de rodillas, el impacto resonando en sus huesos. El olor a pólvora y a algo más, algo metálico y acre, de las pequeñas granadas de humo que empezaban a llenar el aire.
Ochenta y cinco segundos.
—¡Isabela, responde! ¿Dónde estás? —la voz de Alessandro en su oído era un ancla en la tormenta, pero estaba distorsionada, llena de estática por el p