Capitulo 54. Ecos en la Oscuridad
La oscuridad era un ser vivo. Presionaba contra los ojos de Isabela, robándole el sentido de la orientación, reduciendo el universo a una cacofonía de terror. Lo primero que oyó fueron los gritos. Gritos agudos y de pánico de la élite de la ciudad, despojados de su compostura, reducidos a simples mortales asustados. Luego, el estruendo de mesas volcadas, el estallido de cristales al ser pisoteados.
Lo que sentía era mucho más inmediato. La garra de acero de Romano en su muñeca, apretando con un