—¿Cómo…?
—Tengo recursos. Y cuando se trata de protegerte, los uso todos. Solo lo sabemos tú y yo.
Sentí un nudo en la garganta. No por la acción —aunque era monumental—, sino por lo que implicaba. Que alguien se tomara tantas molestias por mí. Por algo que ni siquiera le correspondía a él limpiar.
Vincent, el hombre al que muchos temían y otros tantos querían imitar, había movido cielo, tierra y dinero por proteger una parte de mí que ni siquiera estaba segura de querer conservar.
—Gracias —su