C55. El rugido del silencio.
Giovanni Ferrari.
—Es mi hija —susurró ella, mirándome con miedo, como si pidiera permiso para ser madre—. Mara dice que no quiere comer.
—Conteste —ordené, encendiendo un cigarrillo.
Alicia activó la pantalla. Al instante, la risa de Anabella llenó el espacio entre nosotros. Era un sonido tan fuera de lugar en Catania, tan ajeno a mis reuniones de acero y sangre y a la pesadez que vivía en mi casa.
—¡Mami! ¡Mira el gato! —gritaba la niña, mostrando un pequeño felino de peluche a la cámara.
Vi