C56. La marca del abismo.
Giovanni Ferrari
El viaje de regreso de Catania fue un descenso directo al infierno. El coche blindado devoraba los kilómetros de la autopista siciliana, pero para mí, cada metro se sentía como una soga apretándose en mi cuello. Alicia estaba a mi lado, en silencio, mirando por la ventana. Su presencia, que hace una hora en la plaza me había devuelto el oxígeno, ahora se sentía como una granada con el seguro fuera.
Tenía el teléfono apretado en la mano derecha. La foto de nosotros dos en la mes