C34. La bendición maldita.
Florella Francesca Ferrari
El sol de Amalfi golpeaba la terraza con una alegría que me resultaba insultante. Todo estaba listo para el cuarto cumpleaños de Sebastián. Había globos azules, una mesa llena de dulces y el sonido de las olas rompiendo contra el acantilado, pero para mí, el aire pesaba como si estuviéramos a punto de hundirnos en el mar.
Me llevé la mano a la boca, sintiendo una oleada de náuseas que no tenía nada que ver con el olor del pastel de chocolate. Era un mareo súbito, un v