C22. El dominio del miedo.
Giovanni Ferrari
Cambié las cerraduras esa misma noche. No escatimé en gastos. Llamé a los mejores cerrajeros de Roma y reforcé la seguridad en cada entrada de la villa.
Mandé a colocar cámaras y ordené a los guardias que no dejaran pasar ni un alfiler que oliera a incienso o a los Castello. Pero no servía de nada. Los muros de piedra y el acero son inútiles contra un fantasma.
El veneno de mi suegra no necesitaba llaves para entrar; usaba el teléfono, el correo y, sobre todo, la culpa que le