C21. Echando al cuervo de mal agüero.
Giovanni Ferrari
Bajé a mi suegra a rastras por las escaleras. No me importó que los empleados estuvieran mirando con los ojos abiertos de par en par en el porche, ni que Genaro estuviera en el vestíbulo.
No me importó que ella gritara que yo era un hijo del infierno. Al llegar a la puerta principal, la abrí de un golpe que hizo que la madera golpeara la pared de piedra.
La empujé hacia el jardín, hacia la noche que la esperaba como su hábitat natural. El coche negro estaba allí, con el motor