El teléfono seguía en la mano de Adrián. Nadie habló. Samuel fue el primero en romper el silencio.
—Acaban de llegar hace unos minutos. Están en la sala del consejo.
Adrián respiró hondo.
—¿Quiénes saben?
—Solo los directivos.
Adrián asintió.
—Bien.
Miró a Emilia.
Después a Samuel.
—Mañana hablaremos con calma. Por hoy, váyanse a casa.
Nadie discutió.
El ambiente ya era demasiado pesado.
Esa noche… Emilia apenas pudo dormir, no dejaba de pensar en la editorial. Llevaba solo unos días trabajando