El nombre seguía en la pantalla del celular. Gabriel Rivas.
Adrián apagó el teléfono sin responder.
—¿Todo está bien? —preguntó Emilia con cautela.
Él tardó un instante en contestar.
—Sí.
Pero su voz decía lo contrario.
Guardó el celular en el bolsillo del saco.
—Será mejor que descanse.
Mañana será un día largo.
Emilia asintió.
—Buenas noches.
—Buenas noches, señorita Torres.
Ella salió de la sala de reuniones.
Cuando la puerta se cerró, Adrián dejó escapar el aire lentamente. Se llevó una man