Capítulo 52. El sacrificio en vivo.
—¡Sí, Marta! ¡A París! En primera clase. Mi Lidia siempre tuvo gustos finos. El esposo es un empresario importantísimo.
La voz chillona de Isabela retumbó en las paredes de la pequeña casa.
Olivia apretó la esponja verde contra el fondo de la olla de aluminio. El agua sucia y llena de grasa le escurrió por las muñecas. Apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.
Llevaban dos días así. Cuarenta y ocho horas escuchando a su madre presumir de una boda falsa, de un secuestro disfrazado de