Capítulo 10. Tu seguridad no sirvió.
Alexander bajó la vista. Miró la caja de madera en las manos temblorosas de Lidia. Vio el casquillo de bala de nueve milímetros. Vio la tinta roja sobre el papel.
Sus ojos celestes se oscurecieron. Su mandíbula se tensó hasta marcar el hueso.
Alexander sacó un radio de comunicación negro del bolsillo interno de su chaqueta. Presionó el botón lateral.
—Código cero. Invasión confirmada —ordenó Alexander. Su voz sonó metálica. Fría. Mortal—. Bloqueen todas las salidas del edificio. Nadie entra. Na