Mi respiración estaba agitada, mi cuerpo aun palpitando bajo el efecto del sexo intenso que tuvimos en esa oficina. No podía creer la intensidad de lo que había sucedido entre nosotros, o la forma en que Dante simplemente se alejó y comenzó a arreglarse como si nada hubiera pasado.
Mientras me recuperaba, jadeante y confundida, Dante parecía haber vuelto a su comportamiento distante y serio. La manera en que se apartó de mí dejó claro que nuestro encuentro no era más que un impulso momentáneo.