La guerra había comenzado. Mis hombres estaban listos y motivados, la sed de venganza los impulsaba a cada paso. Los asociados de la Camorra y de Gioia Tauro habían aceptado mi liderazgo sin cuestionamientos, una alianza improbable pero necesaria. El plan era claro: atacar cada punto de control de los Mancuso, desde Vibo Valentia hasta la Costa Jónica y Tirrena.
Las operaciones comenzaron rápidamente. Recibía informes constantes de mis capos, actualizaciones sobre los avances en cada lugar. Los