Estaba frente al espejo, ajustando el vestido rojo para la noche con Dante. El tejido se deslizaba suavemente sobre mi piel, la abertura revelando un toque de audacia que siempre sentí al usarlo. Mis pensamientos, sin embargo, no estaban en la apariencia que mostraba, sino en la batalla interna que libraba. Sabía, en el fondo de mi corazón, que Dante no me elegiría. Nunca me elegiría. Así que la pregunta que no dejaba de resonar en mi mente era: ¿sería capaz de matarlo, si la situación lo exigí