Don Antonio.
El camino hacia la Toscana parecía interminable. Cada kilómetro me alejaba más de Dante y de la mansión de los Mancuso, pero me acercaba a mi objetivo. La venganza ardía dentro de mí, alimentada por la traición y el dolor que había soportado durante tanto tiempo.
Mientras conducía, mis pensamientos se arremolinaban. La última conversación con Don Salvatore resonaba en mi mente. Cada palabra, cada revelación, todo se mezclaba en una tormenta de emociones. Él había admitido su único arrepentimien