Después del baño, me envolví en una toalla y me tumbé en la cama, permitiendo que los pensamientos sobre Dante invadieran mi mente. Era imposible negar los sentimientos que albergaba por él. Cada vez que estábamos juntos, mi corazón parecía arder, y mis pensamientos se centraban solo en él. Pero la mafia y sus reglas complicaban todo.
Mi mente volvió al despacho, donde Dante había besado mis labios con pasión y luego descendió a mi cuello, haciéndome gemir de placer. Mi mano automáticamente fue