La biblioteca de la mansión Delacroix se había convertido en el refugio predilecto de Clara y Sophia durante las tardes. Los ventanales altos dejaban entrar una luz dorada que bañaba los estantes repletos de libros y creaba un ambiente acogedor, casi mágico. Clara había descubierto que la pequeña, aunque no hablaba, poseía una inteligencia extraordinaria y una curiosidad insaciable por las letras.
Aquella tarde, Clara había dispuesto varios libros ilustrados sobre la mesa central. Sophia, con su