Mundo ficciónIniciar sesiónLa fotografía había caído de mis manos temblorosas y yacía boca arriba sobre la mesa de la biblioteca, acusadora en su simplicidad. Marcus Terán —el hombre que supuestamente llevaba diez años muerto— nos observaba desde ese rectángulo brillante de papel fotográfico, su rostro capturado con una claridad que no dejaba lugar a dudas. Detrás de él, ligeramente desenfocadas pero inconfundibles, Sophia y yo camin&aacu







