Mundo ficciónIniciar sesiónLas sirenas atravesaban la noche como cuchillos afilados cortando terciopelo negro. Me quedé paralizada en el umbral de la biblioteca, observando cómo la sangre de Catherine se mezclaba con la de Victor en la alfombra persa, creando un patrón grotesco que ningún artista habría osado imaginar.
Está muerta. Esta vez realmente muerta.
El pensamiento resonaba en mi cabeza con una claridad casi obscena. No había truco, no había droga experimental, no había plan elaborado. Catherine Elizabeth Delacroix había caído al suelo con los ojos abiertos y vacíos, y la espuma blanca en sus labios confirmaba lo que todos sabíamos: Sophia la había envenenado con su propia creación.
—Las ambulancias están aquí —anunció Edward desde la ventana, su voz tensa pero controlada—. Y la policía. Al menos seis patrullas.
Mi madre perm







