—Debería estar mucho más tranquilo ahora —Leo susurró para sí mismo mientras llamaba suavemente a la puerta de la oficina del rey.
Eran las doce del mediodía y todavía no había habido orden para que Helena fuera liberada de la celda del calabozo. Su conciencia lo estaba devorando. Helena estaba pasando por todo ese sufrimiento por su culpa.
Había logrado silenciar los rumores que se difundían acerca de que Helena se acostaba con otro. Quería que ella abandonara el castillo, no quería que su rep