—Escuché lo que pasó. —Leo anunció mientras irrumpía en la habitación del rey.
El rey, enojado, golpeó el vaso que sostenía en su escritorio y se giró para mirarlo con ojos rojo sangre.
Había estado bebiendo desde que abrió los ojos de golpe esa mañana. Anoche no pudo dormir.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —preguntó, molesto.
Leo se acercó a él. No estaba sonriendo y eso significaba que no estaba contento con lo que el rey Ares le había hecho a Helena.
Nadie con un razonamiento sólido lo h