Los ojos de alfa Ace entornados observaban a su mujer mientras se endereza, ofreciéndole su pecho. Le suplica en silencio que lo acaricie. Obedeció su deseo feliz; lambio sus pezones como capullos de rosa, lo retuerce entre su lengua y sus dientes mientras ella maúlla y sisea.
Tiene un sabor floral y su aroma lo vuelve loco a el y a su lobo. Con cada gemido la intensidad aumenta. Siente que está casi drogado con el aroma floral y no puede imaginar nada mejor.
Ella les baja los pantalones y se q