Soraya se encuentra con Valencia cuando el sol empieza a salir. Ella la espera en el área de entrenamiento con dos espadas de madera en la mano, moviéndolas, distraída.
—Espero que recuerdes las últimas cosas que te enseñé —expresa, y Soraya siente que se sonroja.
Con todo lo que ha sucedido se había olvidado por completo de todas sus lecciones de espada.
—Umm —intenta encontrar las palabras—, ¿supongo?
Valencia sacude la cabeza.
—Bueno, ¿por qué no entrenamos y descubrimos cuánto recuerdas?
—C